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Informacion y opinion al segundo. Una vision critica, de las imperfecciones del sistema. Sin ninguna carga ideologica, ni de ningun otro tipo. La verdad, siempre la verdad. DESDE LA COCINA. Para mi, un ladron es un ladron, sea del pp o de la pesoe. Y asi todo-. SI VOTAMOS LOS LEGITIMAMOS, NO VOTAR O VOTAR EN BLANCO. Tenemos una democracia sin democratas.

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CAYETANA Y ¡OLÉ!

DESDE LA COCINA

 

Marcelo-Republica

 

A juego con la decadencia –en todos los órdenes, además del económico- que inunda nuestro país, Cayetana, la duquesa de Alba, se nos casa a sus 85 primaveras con su joven prometido y funcionario Alfonso Díez (60 años), "para no estar en pecado" como ella le confesó a Jaime Peñafiel, presumiendo de una ajetreada vida sexual.

 

Dicen los que se lamentan en privado y los que toman a chufla la boda de Cayetana que esto es el triunfo del amor, la libertad y la rebeldía de un mujer que nunca se paró en barras y que ostenta el número uno del rancio escalafón de la nobleza española. Un sitial convertido en el "callejón del gato" y escenario de este esperpento donde la duquesa refleja su horripilante y malhumorada figura en el fondo de los espejos cóncavos y convexos de Valle Inclán, en busca de la eterna juventud, soñando con la maja desnuda que Goya inmortalizó, nada que ver con la espantosa foto de las domingas que destapó Interviú.

 

Es difícil mantener la dignidad y el decoro en la cima de la vida de las personas máxime si ostentan espacios de poder, representación o notoriedad social. Pero más difícil aún es mantener la compostura en la retirada de los escenarios de la gloria, en la vejez o la enfermedad haciendo un elegante mutis por el foro, dejando para la intimidad lo que se debe dejar.

La boda de Cayetana es un esperpento, un disparate de la más pura frivolidad y un ataque póstumo de soberbia más que un flechazo de amor que la conduce al altar de manos del que será su tercer Duque de Alba -cuyos antepasados se removerán en sus tumbas-, el que se presenta como un tierno enamorado de la abuelita deslenguada que hace las delicias de la telebasura del corazón y las revistas de papel "couché" donde, desde la muerte de Lady Diana, las reinas de corazones son cada vez más baratas, porque todo baja de nivel, en la España que nos ha tocado vivir.

 

Eso sí, con la que está cayendo en este país, el follón de la boda de Cayetana –a la que ahora escoltan los puristas que se quejaron de las bodas del Príncipe Felipe y las Infantas, ¡pobre Curro Romero, metido en este berenjenal!- dará un respiro informativo a la campaña electoral, a la imparable caída de la Bolsa y al terremoto de los bancos europeos que tiene su epicentro en el mismísimo Partenón.

 

Aunque la boda será flor de un día hasta que reaparezca –que lo hará- en un nuevo culebrón porque Cayetana a parte de jefa de la Casa de Alba y conocida flamenca no ha sido nada en España salvo rica y famosa por sus devaneos. Los que dieron pie a su fama de comedora de hombres, con lo que prolonga a su manera la leyenda negra que adornó en Flandes al Gran Duque III de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, virrey y señor de Nápoles, Milán, Portugal y los Países Bajos, al que los dibujantes satíricos y protestantes de la época presentaban como un feroz conquistador que se comía a los niños crudos. Cayetana, mantiene viva la leyenda caníbal de su antepasado aunque ella devora a los "niños" más creciditos. Y en este caso, naturalmente, por amor y por la Iglesia y a buen seguro que con la bendición papal y la venia del Rey como lo requiere el evento y lo manda la tradición.

 

marconi

esmarconi@hotmail.es

 

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